Las pulgas de Esopo

La pulga y el hombre

Antes de que el microscopio enfocara a cocos y bacilos, espiroquetas y espirilos, ellas fueron el enemigo más pequeño conocido.

Las pulgas de Esopo
Pulga aplastada por un dedo

Un día una pulga importunaba sin descanso a un hombre. Este la atrapó y le dijo: “¿Quién eres tú que te has hartado de comer en todos mis miembros picándome desconsideradamente?” Ella le dijo: “Es nuestra manera de vivir; no me mates, pues no puedo causar gran daño”. El hombre se echó a reír y le dijo: “Vas a morir enseguida, y por mi propia mano; porque sea como sea el daño, pequeño o grande, hay que impedir completamente que este se produzca”.

Esta fábula enseña que no hay que tener piedad con un malvado, sea este el que sea, fuerte o débil.

Las pulgas de Esopo

La pulga y el atleta

Reza el dicho popular que “no hay enemigo pequeño”, y es que basta una bestia pequeña para hacerle perder a uno la compostura.

Las pulgas de Esopo

Un día una pulga fue de un salto a posarse sobre el dedo del pie de un atleta enfermo, y sin dejar de saltar le dio un mordisco. El atleta encolerizado preparaba sus uñas para aplastarla, pero ella tomó impulso y de un salto, uno de esos saltos que acostumbra a realizar, escapó y evitó la muerte. Entonces, suspirando, el atleta dijo: “¡Oh, Hércules, si esta es la manera en que me socorres contra una pulga, ¿qué ayuda puedo esperar de ti contra mis adversarios?!”

Esta fábula nos enseña que no debemos apelar enseguida a los dioses por bagatelas insignifacantes, sino ante necesidades más acuciantes.

Las pulgas de Esopo

El hombre y la pulga (Samaniego)

Como nos gusta cantar, no podemos resistirnos a ofrecer aquí la versión que dio Samaniego del relato anterior —inspirada, por cierto, más en La Fontaine que en el propio Esopo.1

Las pulgas de Esopo
Un rayo lanzado por Zeus alcanza a una pulga
                          Oye, Júpiter Sumo, mis querellas,
                          Y haz, disparando rayos y centellas,
                          Que muera este animal vil y tirano,
                          Plaga fatal para el linaje humano;
                          Y si vos no lo hacéis, Hércules sea
                          Quien acabe con él y su ralea.
                          Este es un hombre que a los Dioses clama,
                          Porque una Pulga le picó en la cama,
                          Y es justo, ya que el pobre se fatiga,
                          Que de Júpiter y Hércules consiga,
                          De este, que viva, espulgando sayos;
                          De aquel, matando Pulgas con sus rayos.
                        
                          Tenemos en el cielo los mortales
                          Recurso en las desdichas y los males;
                          Mas se suele abusar frecuentemente,
                          Por lograr un antojo impertinente.     
                        
Las pulgas de Esopo

La pulga y el buey

Y ahora dime tú, sabiendo que nadie te preguntó al nacer, si hubieras nacido pulga en lugar de humano, ¿acaso no tendrías tu propio orgullo de pulga?

Las pulgas de Esopo
Una pulga posada en un cardo dialoga con un toro

Un día la pulga le preguntó lo siguiente al buey: “¿Qué te ha hecho, pues, el hombre para que le sirvas todos los días, siendo tú, como lo eres, grande y bravo? Yo, por el contrario, desgarro despiadadamente su carne y bebo su sangre a grandes tragos”. El buey respondió: “Siento gratitud al linaje humano porque me aman, me cuidan y me acarician a menudo la frente y el lomo”. “¡Ay! —replicó la pulga—, para mi esas caricias que a ti te complacen son la peor de las desgracias cuando el azar quiere verme preso entre sus manos”.

Los fanfarrones de palabra son desenmascarados incluso por un hombre simple.

Las pulgas de Esopo

El camello y la pulga (Samaniego)

                        Y si el tamaño es lo importante
                        —piensa, sin duda, nuestro cantante—
                        para dibujar un relato más bello,
                        para decorar mi escrito,
                        ¿no haré del toro camello
                        y pulga del mosquito?
                      
Las pulgas de Esopo
                          Al que ostenta valimiento,
                          Cuando su poder es tal
                          Que ni influye en bien ni en mal,
                          Le quiero contar un cuento.
                          En una larga jornada,
                          Un Camello muy cargado
                          Exclamó ya fatigado:
                          ¡Oh que carga tan pesada!
                          Doña Pulga, que montada
                          Iba sobre él, al instante
                          Se apea, y dice arrogante:
                          Del peso te libro yo.
                          El Camello respondió:
                          Gracias: señor elefante.
                        

El mosquito y el toro

Un mosquito se había posado sobre los cuernos de un toro. Después de haber permanecido allí un largo rato, cuando iba a marcharse, le preguntó al toro si deseaba que se fuera por fin. El toro respondió: “Cuando has venido, no te he sentido, y cuando te vayas, no te sentiré mucho más”.

Se podría aplicar esta fábula al hombre incapaz cuya presencia o ausencia, ni perjudica ni aporta.

Las pulgas de Esopo

El filósofo y la pulga (Samaniego)

                       Se nos disculpe la atención a la nimiedad
                       y que sea Pulga quien cante la vieja verdad, 
                       que todo es vanidad. 
                      
Las pulgas de Esopo
Una pulga posada en un cardo dialoga con un toro
                          Meditando a sus solas cierto día
                          Un pensador Filósofo, decía:
                          El jardín adornado de mis flores,
                          Y diferentes árboles mayores,
                          Con su fruta sabrosa enriquecidos
                          Tal vez entretejidos
                          Con la frondosa vid que se derrama
                          Por una y otra rama,
                          Mostrando a todos lados
                          Las peras y racimos desgajados,
                          Es cosa destinada solamente
                          Para que la disfruten libremente
                          La Oruga, el Caracol, la Mariposa;
                          No se persuaden ellos otra cosa.
                          Los pájaros sin cuento,
                          Burlándose del viento,
                          Por los aíres sin dueño van girando.
                          El Milano cazando
                          Saca la consecuencia:
                          Para mí los crió la Providencia.
                          El Cangrejo en la playa envanecido
                          Mira los anchos mares, persuadido
                          A que las olas tienen por empleo
                          Solo satisfacerle su deseo;
                          Pues cree que van y vienen tantas veces
                          Por dejarle en la orilla ciertos peces.
                          No hay (prosigue el Filósofo profundo)
                          Animal sin orgullo en este mundo.
                          El hombre solamente
                          Puede en esto alabarse justamente.
                          Cuando yo me contemplo colocado
                          En la cima de un risco agigantado,
                          Imagino que sirve a mi persona
                          Todo el cóncavo cielo de corona.
                          Veo a mis pies los mares espaciosos,
                          Y los bosques umbrosos
                          Poblados de animales diferentes,
                          Las escamosas gentes,
                          Los brutos, y las fieras
                          Y las aves ligeras,
                          Y cuanto tiene aliento
                          En la tierra, en el agua y en el viento;
                          Y digo finalmente todo es mío.
                          ¡O grandeza del hombre y poderío!
                          Una Pulga que oyó con gran cachaza
                          Al Filosofo maza,
                          Dijo: cuando me miro en tus narices,
                          Como tú sobre el risco que nos dices,
                          Y contemplo a mis pies aquel instante
                          Nada menos que al hombre dominante,
                          Que manda en cuanto encierra
                          El agua, viento y tierra,
                          Y que el tal poderoso caballero
                          De alimento me sirve cuando quiero,
                          Concluyo finalmente: todo es mío.
                          ¡O grandeza de Pulga y poderío!
                          Así dijo; y saltando se le ausenta.
                        
                          De este modo se afrenta
                          Aun al más poderoso,
                          Cuando se muestra vano y orgulloso.     
                        
Las pulgas de Esopo

Notas


 * Año: Tenga presente el lector que, por expresa y terminante decisión de los que mandan en este agujero, todas las fechas de la biblioteca Bicheratura están referidas al nacimiento de Sócrates, que es como se cuentan los años en esta república —esto es, van 470 años por delante del país vecino —esto es, ahí fuera mismo en la calle.

 * Suborden o Superfamilia— En los órdenes Blattodea, Hymenoptera y Lepidoptera, para agrupar las familias hemos preferido usar las superfamilias en lugar de los subórdenes.

 1. Versión de La Fontaine:

L’HOMME ET LA PUCE

Par des vœux importuns nous fatiguons les dieux, 
Souvent pour des sujets même indignes des hommes : 
Il semble que le ciel sur tous tant que nous sommes 
Soit obligé d’avoir incessamment les yeux, 
Et que le plus petit de la race mortelle, 
À chaque pas qu’il fait, à chaque bagatelle, 
Doive intriguer l’Olympe et tous ses citoyens, 
Comme s’il s’agissait des Grecs et des Troyens. 
Un sot par une puce eut l’épaule mordue. 
Dans les plis de ses draps elle alla se loger. 
Hercule, se dit-il, tu devais bien purger 
La terre de cette hydre au printemps revenue ! 
Que fais-tu, Jupiter, que du haut de la nue 
Tu n’en perdes la race afin de me venger ! 
Pour tuer une puce, il voulait obliger 
Ces dieux à lui prêter leur foudre et leur massue.