Los primos de los saltamontes (I): Los saltamontes longicornios

Los primos de los saltamontes 1: Los saltamontes longicornios

Los principales grupos de insectos son los órdenes. El saltamontes y sus parientes conforman un orden; los escarabajos son un orden; las polillas y mariposas son otro orden; las moscas otro; las avispas, abejas y hormigas otro más. El orden de los saltamontes se llama Orthoptera, palabra que significa “alas rectas” y que, una vez más, no es significativa en todos los casos, aunque sirve perfectamente como nombre. El orden es un grupo de familias relacionadas entre sí, y, dentro de Orthoptera, los saltamontes, o langostas, forman una familia, los saltamontes longicornios otra, los grillos una tercera;1 y de todos estos insectos, junto con otros menos familiares, se puede decir que son los primos de los saltamontes.

Las familias de ortópteros son destacables de muchas maneras, algunos por el gran tamaño que alcanzan sus miembros, otros por sus formas extraordinarias, y aún otros por su talento musical. Mientras que este capítulo estará dedicado principalmente a los primos del saltamontes, todavía se pueden decir algunas cosas de interés sobre el saltamontes mismo como un añadido a lo aportado en el capítulo previo.2

La familia del saltamontes

La familia de los saltamontes, o langostas, se llama Acrididae. Todos sus miembros son muy parecidos en cuanto a forma y hábitos, aunque algunos tienen alas largas y otros cortas, y algunos alcanzan la enorme talla de casi quince centímetros de longitud. Las alas delanteras son alargadas y estrechas, algo rígidas y de textura coriácea. Estas, cuando están plegadas sobre la espalda, reposan sobre las alas traseras, más delgadas, y les sirven de protección, razón por la cual se las denomina tegmina (tegmen, en singular).3 Cuando están extendidas, las alas traseras parecen grandes abanicos, cada uno con numerosas costillas o venas que parten de la base. Estas alas son más bien planeadores que órganos de vuelo, ya que la mayoría de los saltamontes se impulsan en el aire gracias a sus fuertes patas traseras y luego flotan con las alas extendidas hasta donde les permita llegar el débil aleteo de estas. Sin embargo, una de nuestras especies comunes, la langosta de Carolina, es una potente voladora y, cuando se espanta, se aleja revoloteando y siguiendo una trayectoria ondulante por encima de los yerbajos y los arbustos, a veces incluso sobre las copas de árboles pequeños, pero siempre zigzagueando de un lado para otro como incapaz de decidir donde posarse. Se dice que las largas distancias recorridas por las langostas migratorias, descritas en el capítulo anterior, se debieron más a los vientos que a la potencia de las alas del insecto.

Saltamontes Pterophylla camellifolia con las alas desplegadas

Pterophylla camellifolia
by erickalee – CC0 1.0

Los saltamontes se caracterizan por tener unos órganos de gran tamaño a los lados del cuerpo que parecen estar destinados a la audición. Por supuesto, ningún insecto tiene “orejas” en su cabeza; los supuestos órganos auditivos del saltamontes se encuentran en la base del abdomen, uno en cada costado. Ambos consisten en una depresión de la pared corporal, con forma ovalada, sobre la que se extiende una fina membrana similar a un tímpano. Sobre la cara interna de esta membrana se apoyan unas bolsas de aire que le proporcionan la presión estable necesaria para que pueda vibrar libremente en respuesta a las ondas sonoras, y unido a su pared interior hay un complicado aparato sensorial. Sin embargo, a pesar de estos oídos tan grandes que tienen, los intentos de hacer que el saltamontes oiga nunca tienen demasiado éxito; sus órganos timpánicos, no obstante, tienen la misma estructura que los de aquellos insectos que destacan por su canto, por lo que es de suponer que pueden oír los sonidos que ellos mismos producen.

No hay muchos saltamontes que tengan dotes musicales. En su mayoría son criaturas tranquilas que ocultan sus sentimientos, si es que tienen alguno. Están despiertos durante el día y duermen por la noche: rasgos loables, pero hábitos que rara vez dan lugar a grandes logros artísticos. Sin embargo, unos pocos saltamontes producen sonidos que, para sus propios oídos, quizá suenen como música. Uno de estos es una pequeña y discreta especie marrón de aproximadamente dos centímetros y medio de longitud, caracterizada por una gran mancha negra a cada lado del escudo con forma de silla de montar que le cubre la espalda entre la cabeza y las alas. No tiene más nombre que el científico,4 Chloealtis conspersa, pues no es muy conocido, ya que su música es muy tenue. Según Scudder, su única nota se parece a un tsikk-tsikk-tsikk repetido diez o doce veces en unos tres segundos cuando está al sol, pero a un ritmo ligeramente más lento en la sombra. Chloealtis es un violinista y toca dos instrumentos a la vez. Los violines son sus patas delanteras, y los arcos sus patas traseras. En la cara interna de cada uno de los muslos traseros, o fémures, hay una hilera de dientes diminutos. Cuando los muslos se frotan sobre los bordes de las alas, sus dientes raspan una vena que presenta un filo agudo. Esto produce el sonido que acabamos de mencionar. Tales notas suenan poco musicales para nosotros, pero Scudder dice que él ha visto tres machos cantándole a una sola hembra al mismo tiempo. Dicha hembra, no obstante, estaba ocupada depositando sus huevos en un tocón cercano, y no hay pruebas que indiquen siquiera un mínimo aprecio por los esfuerzos de sus cortejadores.

Saltamontes Chloealtis conspersa posado en una hoja

Chloealtis conspersa
by Alec McClay – CC BY 4.0

Otros pequeños saltamontes tocan el violín del mismo modo que Chloealtis; pero hay uno, Mecostethus gracilis5, que en lugar de tener las puntas ásperas en las patas, tiene en ambas alas delanteras una vena con sus ramificaciones provistas de numerosos dientes pequeños con los que raspa una cresta afilada situada en la superficie interna del muslo posterior.

En otro grupo de saltamontes hay ciertas especies que emiten un ruido al volar, un sonido crepitante producido al parecer de algún modo por las mismas alas. Uno de estos, Circotettix verruculatus6, común en los estados del norte, es conocido como Saltamontes chasqueador debido a los fuertes chasquidos que emite. Otros miembros del mismo género también son chasqueadores, siendo el más ruidoso una especie del oeste llamada C. carlingianus7. Scudder cuenta que este saltamontes atrajo su atención “gracias a su estruendoso chasquido perceptible a más de un cuarto de milla de distancia. En las zonas áridas del Oeste muestra una gran predilección por las laderas rocosas y las inmediaciones calurosas de acantilados abruptos y plenamente expuestos al sol, donde su repiqueteo levanta ecos contra las paredes rocosas”.

La familia de los saltamontes longicornios

Si bien entre los saltamontes comunes encontramos casos de los primeros intentos de un insecto para producir música y, en este sentido, pueden compararse con las razas humanas más primitivas, los saltamontes longicornios, tetigónidos —o catídidos en Norteamérica— exhiben el mayor grado de desarrollo de este arte alcanzado por insecto alguno. No obstante, así como los logros de un único miembro de una familia humana puede dar prestigio a todos sus parientes y descendientes, el talento de un solo miembro destacado de esta familia de saltamontes ha dado notoriedad en los Estados Unidos a todos sus congéneres, y su fama justamente merecida ha llegado a ser aplicada por aquel público sin sentido crítico a todo un grupo de cantantes con un talento menor o muy mediocre, cuyo único derecho al nombre de catídidos es su parentesco.*

* (N. del T.) Esta afirmación puede carecer de sentido para el lector hispanohablante si no se tiene en cuenta que el término katydid, en el inglés norteamericano, tiene un sentido onomatopéyico. Dicho término, que hizo su aparición cerca del año 1784, es la supuesta transcripción del sonido que emite la especie Pterophylla camellifolia, el norteamericano Common True Katydid, o “Catídido común verdadero”. Los primeros observadores norteamericanos consideraron que el rítmico chirrido de este insecto sonaba como la frase inglesa Katy did, Katy didn’t —“Katy lo hizo, Katy no lo hizo”­—, y este juego de palabras acabó imponiéndose en el acerbo popular.

En Europa, a nuestros catídidos se los conoce simplemente como saltamontes longicornios. En entomología, a día de hoy la familia es conocida como Tettigoniidae, aunque durante mucho tiempo fue conocida como Locustidae.

Huevos de saltamontes Microcentrum rhombifolium adheridos a una rama

Huevos de Microcentrum rhombifolium
by John Cowles – CC0 1.0

La forma más sencilla de distinguir a los tetigónidos del resto de los saltamontes es la enorme longitud de sus antenas, esos filamentos delicados, sensibles y afilados que sobresalen de sus frentes. No obstante, otra diferencia entre las dos familias es el número de articulaciones de sus pies, ya que los saltamontes tienen tres y los tetigónidos cuatro. Los saltamontes de antenas cortas apoyan completamente el pie en el suelo, mientras que los longicornios caminan normalmente sobre los tres segmentos basales, manteniendo levantada la articulación terminal. Dichos segmentos basales tienen almohadillas en su superficie inferior que se adhieren a cualquier superficie lisa, como la de una hoja, pero la articulación terminal cuenta con un par de garras que utiliza cuando es necesario para aferrarse al filo de algún soporte. Los tetigónidos son principalmente criaturas nocturnas y, aunque suelen ser de un simple color verde, muchos de ellos tienen formas elegantes. Su actitud y su comportamiento general denotan mucho más refinamiento y una educación superior a la de sus más robustos parientes, los saltamontes comunes. A pesar de que algunos miembros de la familia Tettigoniidae viven en los campos y son muy similares en formas y maneras a los saltamontes, e incluso a los grillos, las especies más características son habitantes solitarios de los arbustos o los árboles. Son los verdaderos aristócratas entre los ortópteros.

Un músico insecto —descontando el hecho de que es un insecto, y no un humano— se diferencia en muchos aspectos de un músico humano. Todos los insectos artistas son instrumentistas, no cantantes; sin embargo, en tanto los poetas y otras gentes ignorantes hablan siempre del “canto” de los grillos y de las chicharras, será más sencillo utilizar el lenguaje del público que corregirlo, especialmente desde el momento en que no tenemos nada mejor que ofrecer que la palabra estridulación, un término derivado del latín que significa “chirriar”. No obstante, las palabras no importan si explicamos lo que queremos decir con ellas. Así pues, debe comprenderse que, aunque hablamos del “canto” de los insectos, estos no tienen verdaderas voces, en el sentido de que “voz” es la producción de sonido por medio de la respiración actuando sobre unas cuerdas vocales. Cierto es, todos los instrumentos musicales de los insectos son partes de su cuerpo; pero habría que compararlos con violines o tambores, puesto que, para la producción del sonido, dependen de superficies ásperas o vibrantes. Habitualmente, las superficies ásperas son parte de las piernas y las alas —como es el caso de los instrumentos de los saltamontes. El sonido, igual que sucede en los instrumentos de cuerda, puede ser intensificado por áreas especialmente resonantes, a veces localizadas en las alas, otras sobre el tórax. Las cigarras, un grupo de insectos musicales que describiremos en un capítulo especialmente dedicado, tienen unos grandes parches de tambor en las paredes de su tórax con los que producen su estridente música. No golpean estos tambores, sino que los hacen vibrar con los músculos del tronco. En las familias de insectos, los músicos son casi siempre los machos, y se supone que dan sus conciertos con el propósito de atraer a las hembras, pero no en todos los casos podemos estar seguros de esto.

Tegmina de un saltamontes longicornio mostrando los órganos estriduladores

Fig. 1. Alas delanteras, o tegmina, de un saltamontes de las praderas, Orchelium laticauda, mostrando los organos productores del sonido típicos de los saltamontes longicornios.

Los instrumentos musicales de los saltamontes longicornios son muy diferentes de los de los saltamontes comunes, ya que se encuentran situados en las bases superpuestas de las alas delanteras, o tegminas. Este es el motivo de que las alas delanteras de los machos sean siempre diferentes a las de las hembras, conservando estas últimas la estructura usual y original. El ala derecha de una hembra de una de las especies más parecidas a los saltamontes, Orchelimum laticauda, se muestra en el dibujo C de la Figura 1. Cuatro venas principales recorren el ala partiendo desde la base. La más cercana al borde interior se denomina cubitus (Cu), y el espacio entre esta y dicho margen del ala está lleno de una red de pequeñas venas sin ninguna distribución especial. En las alas del macho, no obstante, que se muestran en A de la misma figura, esta zona basal interna consiste en una membrana delgada y tersa (Tm), apuntalada por cierto número de venas que se ramifican a partir del cubitus. Una de estas (fv), que recorre transversalmente la membrana, es muy gruesa en el ala izquierda, y si se levanta el ala (B) se aprecia que está recorrida por una apretada serie de pequeñas rugosidades en su cara inferior que la convierten en una auténtica lima (f). En el ala derecha esta misma vena es mucho más delgada y la lima es muy sutil, pero en su ángulo basal esta misma ala tiene un cresta rígida (s) que no se ha desarrollado en la otra. Los saltamontes longicornios siempre pliegan las alas con la izquierda superpuesta sobre la derecha, y en esta posición la lima de la primera se apoya sobre la cresta de la última. Si ahora las alas se mueven lateralmente, la lima, al raspar sobre la cresta, o raspador, provoca un sonido chirriante, y así es como el tetigónido fabrica las notas de su música. El tono y volumen del sonido, sin embargo, es probablemente producido en gran medida por la vibración de las delgadas membranas basales de las alas, que reciben el nombre de tímpanos (Tm).

Los instrumentos de los distintos intérpretes difieren ligeramente en los detalles de su estructura. Entre las venas de diferentes especies existen variaciones en la forma y tamaño de la lima y del raspador, y también diferencias en las venas que sostienen las áreas timpánicas. En el caso del Catídido verdadero (Pterophylla camellifolia), el mayor cantante de la familia, la lima, el raspador, los tímpanos y las mismas alas están muy desarrollados, de manera que conforman un instrumento de gran eficiencia. Pero, por lo general, los instrumentos de diferentes especies no son tan distintos como las notas producidas por sus propietarios. Con el mismo violín se pueden tocar una infinita cantidad de tonadas. En el caso de los insectos, cada músico conoce solamente una —o una pocas— y algunas sencillas variaciones de esta, la cual ha heredado de sus ancestros junto al conocimiento de cómo interpretarla en su instrumento igualmente heredado. Los órganos de estridulación no se desarrollan de forma funcional hasta la madurez, y desde ese momento el insecto no deja de interpretar su melodía nativa. Nunca molesta a los vecinos con afligidas notas durante su aprendizaje.

Órganos auditivos de los saltamontes longicornios

Fig. 2. D. Pata delantera mostrando las ranuras de los órganos auditivos.
A. Sección traversal de la pierna mostrando las ranuras de los órganos auditivos.
B. Vista superficial del órgano sensitivo.

Curiosamente, ningún miembro de la familia de los tetigónidos tiene a ambos lados del cuerpo esos órganos similares a oídos que tienen los saltamontes. Lo que se suponen son los órganos de la audición se hallan situados en sus patas delanteras, al igual que los órganos análogos de los grillos. En la parte superior de las tibias (Fig. 2 D, e), dos ranuras verticales se abren cada una en un pequeño compartimento (Fig. 2 A, E) con una membrana similar a un tímpano (Tm) que se extiende a lo largo de su pared interna. Entre las membranas hay unas bolsas de aire (Tra) y un complicado aparato sensorial receptor (B) que, por medio de un nervio, se conecta a través de la parte basal de la pierna con el sistema nervioso central.

Existen varios grupos de saltamontes longicornios, clasificados como subfamilias. El nombre de una subfamilia termina en -inae para distinguirlo del nombre de la familia, la cual, siguiendo la convención latina, termina en -idae.

Los saltamontes longicornios de cabeza redonda

Los miembros de este primer grupo de la familia del saltamontes longicornio se caracterizan por tener alas grandes y una frente lisa y redonda. Constituyen la subfamila Phaneropterinae, que incluye especies que suponen una cúspide en cuanto a gracia, elegancia y refinamiento dentro del orden de los ortópteros. Casi todos los saltamontes longicornios de cabeza redonda son musicales en cierta medida, aunque la calidad de sus composiciones no es muy elevada. Por otro lado, si bien sus notas son bastante agudas, su volumen no suele ser muy alto, no son del tipo que lo mantienen a uno despierto por la noche.

Saltamontes Scudderia furcata posado en vertical sobre una madera

Scudderia furcata
by skelico – CC BY 4.0

Dentro de este grupo se encuentran los saltamontes de los arbustos (bush katydids), cuyas especies tienen un tamaño mediano y unas alas más delgadas que las de las demás especies; se las incluy en un género normalmente conocido como Scudderia —aunque a veces también en Phaneroptera. Se les ha dado el nombre de saltamontes de los arbustos porque se encuentran habitualmente sobre matorrales bajos, especialmente en los márgenes de praderas húmedas; pero también habitan en otros lugares y por la noche es frecuente escuchar sus cantos cerca de las casas. Nuestra especie más común, presente en la mayor parte de los Estados Unidos, es el Saltamontes de los arbustos de cola bifurcada (Scudderia furcata). Todos los saltamontes longicornios son muy concienzudos en la limpieza de sus pies, ya que es fundamental que sus almohadillas adhesivas estén siempre en perfecto estado de funcionamiento; sin embargo, interrumpen con tanta frecuencia cualquier cosa que estén haciendo para lamerse una u otra pata —como un perro que se rasca para librarse de las pulgas—, que dicho gesto parece más un hábito congénito que un acto necesario de limpieza. El Saltamontes de cola bifurcada es un cantante sin pretensiones y solo tiene una nota: un zeep agudo que repite varias veces seguidas. Sin embargo, no reitera la secuencia de forma continua, tal como hacen la mayoría de los demás cantantes, y es probable que su música pase desapercibida para el oído humano entre el estruendo general de las jazzísticas orquestas de grillos. No obstante, en ocasiones es posible escuchar su suave zeep, zeep, zeep procedente de algún matorral o de las ramas bajas de un árbol.

Las notas de otras especies han sido descritas como un zikk, zikk, zikk, o zeet, zeet, zeet, y algunos investigadores han registrado dos notas distintas en una misma especie. Así, Scudder afirma que las notas diurnas y las nocturnas de Scudderia curvicauda difieren considerablemente, y representa las notas diurnas como un bzrwi, y la nota nocturna —que es solo la mitad de larga que la otra—, con un tchw. (Con un poco de práctica, el lector debería ser capaz de imitar correctamente a este saltamontes). Scudder sostiene, además, que pasan de la nota diurna a la nocturna cuando una nube cubre el sol mientras cantan durante el día.

Saltamontes Amblycorypha oblongifolia de color amarillo con un fondo de hojas

Amblycorypha oblongifolia
by drnancyjackson – CC BY 4.0

El género Amblycorypha incluye un grupo de especies que tienen unas alas más anchas que las de los saltamontes de los arbustos. La mayor parte son cantantes indolentes; pero una, el Saltamontes de alas oblongas (A. oblongifolia), que se encuentra en toda la mitad este de los Estados Unidos y el sur de Canadá, es notable por gran tamaño y sus majestuosas maneras. Un macho que este escritor mantuvo durante un verano en un jaula nunca perdió una sola vez la compostura a pesar de la humillación del confinamiento. Llevó su vida de forma natural y feliz alimentándose de hojas de vid y de uvas maduras, cuya pulpa obtenía royendo agujeros en la piel. Siempre se mostraba sereno, tranquilo en todo momento, y sus movimientos eran siempre lentos y pausados. Al caminar levantaba cuidadosamente cada una de las patas, y con un movimiento uniforme las llevaba adelante hasta la nueva posición, donde el pie se posaba de nuevo con el mismo cuidado. Solo al saltar hacía algún tipo de movimiento rápido. Pero sus preparativos para el salto eran tan tranquilos y pausados como el resto de sus movimientos: apuntaba la cabeza hacia arriba, inclinaba lentamente el abdomen hacia abajo con las dos largas patas traseras dobladas formando una V invertida a cada lado del cuerpo, y daba la impresión de que se estaba preparando deliberadamente para sentarse sobre una tachuela; pero, súbitamente, un resorte parecía soltarse en alguna parte y saltaba bruscamente hacia arriba, hacia las hojas por encima de su cabeza, a las que había apuntado con tanta calma y detenimiento.

Saltamontes Amblycorypha oblongifolia de color rosa posado en una hoja

Amblycorypha oblongifolia
by evangrimes – CC BY 4.0

Durante mucho tiempo, el aristocrático prisionero no emitió sonido alguno, pero por fin, un atardecer, repitió tres veces una nota chirriante, algo así como shriek, con la s muy aspirada y con una vibración prolongada sobre ie. Al atardecer siguiente cantó otra vez, emitiendo al principio un débil swish, swish, swish, con la s muy sibilante y la i muy vibrante. Pero después de soltar esto a modo de preludio, empezó un estridente shrie-e-e-e-k, shrie-e-e-e-k, repetido seis veces, un estruendoso sonido descrito por Blatchley como un “graznido chirriante —como el sonido producido al frotar un peine de púas finas con una cuerda tensa”.

Los miembros mejor conocidos de los saltamontes de cabeza redonda, y quizá de toda la familia, son los Saltamontes de alas anguladas. Son unos insectos grandes, con el color verde de las hojas de arce, muy aplanados lateralmente, con las alas en forma de hoja plegadas en lo alto del dorso y bruscamente dobladas en sus márgenes superiores, lo que les da ese aspecto jorobado del que deriva su nombre de saltamontes de alas angulosas. La superficie inclinada del dorso, situada en la parte delantera de la joroba, forma un gran triángulo plano, liso en la hembra, pero ondulado y rugoso en el macho debido a las venas del aparato musical.

En los Estados Unidos se encuentran dos especies de saltamontes de alas anguladas, ambas pertenecientes al género Microcentrum: a una se la conoce como Saltamontes de alas anguladas mayor, M. rhombifolium, y a la otra como Saltamontes de alas anguladas menor, M. retinerve. Las hembras de la especie de mayor tamaño, que es la más común, alcanzan una longitud de seis centímetros medidas hasta las puntas de las alas. Ponen unos huevos planos y ovalados, adheridos en filas que se superponen como escamas a lo largo de la superficie de alguna ramita o en el borde de una hoja.

Los saltamontes de alas angulosas se sienten atraídos por la luz y, en las cálidas noches de verano, es frecuente encontrarlos entre los arbustos que rodean la casa, o incluso sobre el porche y los paneles de las mosquiteras. Los miembros de la especie más grande se hacen notar mediante sus notas suaves, aunque agudas, similares a un tzeet, emitido en secuencias cortas, las primeras notas repetidas rápidamente y las demás progresivamente más lentas a medida que su tonalidad se vuelve menos aguda y penetrante. La tonadilla podría ser transcrita como tzeet-tzeet-tzeet-tzeet-tzek-tzek-tzek-tzuk-tzuk, aunque el tono agudo y la estridencia de las notas debemos imaginarlos. Riley describe el canto como una serie de sonidos ásperos, “como los que produciría una pluma rígida al pasarla sobre una lima basta”, mientras que Allard afirma que las notas son “crepitaciones secas y agudas, semejantes al chasquido lento de las púas de un peine rígido cuando se desliza lentamente algún objeto sobre ellas”. Este último las representa así: tek-ek-ek-ek-ek-ek-ek-ek-ek-ek-ek-tzip. Pero, independientemente de la traducción que se haga al inglés del canto de Microcentrum, esta no nos proporciona idea alguna respecto a las notas de su famoso primo, el Catídido verdadero. Sin embargo, la mayoría de la gente confunde ambas especies; o más bien, al oír a la una y ver a la otra, extraen la conclusión errónea de que la especie visible produce los sonidos que escuchan.

Saltamontes Microcentrum rhombifolium posado en una hoja

Microcentrum rhombifolium
by aarongunnar – CC BY 4.0

El saltamontes de alas anguladas menor, M. retinerve, no se encuentra tan a menudo como el otro, pero tiene costumbres similares y se le puede escuchar por las noches en las vides o los matorrales que rodean a las viviendas. Su canto es un zeet, zeet, zeet, agudo, las tres sílabas espaciadas como en ka-ty-did, y es probable que mucha gente confunda estas notas con las del Catídido verdadero.

Los saltamontes de alas angulosas son criaturas muy dóciles y confiadas, que se dejan coger sin intentar escapar. Sin embargo, son buenos voladores, y cuando se les lanza al aire planean como diminutos aeroplanos con sus grandes alas extendidas a ambos lados. Cuando están en reposo, tienen la graciosa costumbre de inclinarse hacia un lado, como si la parte superior de sus cuerpos planos fuera demasiado pesada.

El Catídido verdadero

Llegamos ahora a ese artista que lleva con pleno derecho el nombre de Catídido, el insecto conocido en el ámbito científico como Pterophylla camellifolia y entre el público estadounidense como el mejor cantante entre los insectos. Por supuesto, que este saltamontes sea realmente músico o no depende del crítico, pero su fama es incuestionable, ya que su nombre es una palabra de uso doméstico tan familiar como el de cualquiera de nuestros grandes artistas —y esto a pesar de que no existe ninguna grabación fonográfica de su música. A decir verdad, la reputación de la cigarra está más extendida mundialmente que la del Catídido verdadero, ya que tiene representantes en varios continentes, pero su canto no ha sido puesto en palabras que el público pueda entender. Y si la sencillez es el prueba del verdadero arte, la canción de este saltamontes supera dicha prueba, pues no hay nada más simple que un mero katy-did, o que sus fáciles variantes, esto es, katy, katy-she-did, y katy-didn’t.

Sin embargo, aunque prácticamente todos los estadounidenses nativos conocen la música de este tetigónido, ya sea de oídas o por su reputación, pocos de nosotros estamos familiarizados con el músico mismo. Esto se debe a que elije por escenario los árboles más altos casi invariablemente y rara vez desciende de ellos. Estas elevadas plataformas, además, son también su estudio, su hogar y su mundo, por lo que el reportero que desee realizar una entrevista personal debe ser hábil trepando a los árboles. No obstante, en ocasiones sucede que se localiza un cantante en un árbol más pequeño, donde es más sencillo acceder hasta él o del que puede ser desalojado con unas sacudidas. Un espécimen obtenido de esta manera un 12 de agosto vivió hasta el 18 de octubre y proporcionó el material para las siguientes notas:

Pterophylla camellifolia hembra posado en una hoja

Pterophylla camellifolia
by pmrsco – CC0 1.0

Su longitud es de cuatro centímetros y medio desde la frente a la punta de las alas plegadas; las patas delanteras son más largas y gruesas que las de los demás miembros de la familia, mientras que las patas traseras son inusualmente cortas. Las antenas, sin embargo, son unos filamentos extremadamente largos, delgados y delicados de unos siete centímetros de longitud. Entre las bases de las antenas, en la frente, hay una protuberancia cónica, un rasgo físico que separa a los catídidos verdaderos de los catídidos de cabeza redonda y los asigna a la subfamilia Pseudophyllinae, la cual incluye, además de nuestras especies autóctonas, muchas otras que viven principalmente en los trópicos. Los bordes posteriores de las alas están redondeados de manera uniforme, y los laterales se abomban notablemente hacia fuera, como si quisieran cubrir un cuerpo muy rechoncho, aunque el espacio entre ellas está prácticamente vacío y probablemente forma una cámara de resonancia que aporta tono y volumen al sonido producido por los órganos estriduladores. Lo que podría ser el chaleco del saltamontes —la parte del cuerpo que queda al descubierto bajo las alas— presenta una hilera de protuberancias prominentes con forma de botón a lo largo del centro que se elevan y descienden rítmicamente con cada movimiento respiratorio. Todos los saltamontes longicornios respiran profundamente con el abdomen.

El color del saltamontes es verde liso, con un llamativo triángulo de color marrón oscuro en el dorso que cubre la zona de estridulación de las alas. La punta de las piezas bucales son amarillentas. Los ojos tienen una tonalidad verde pálida y transparente, pero cada uno de ellos tiene un centro oscuro que, como la pupila de un cuadro, permanece siempre fija sobre ti sea cual sea el lugar en que te sitúes.

Los movimientos del individuo en cautividad son lentos, aunque al aire libre puede correr bastante rápido, y cuando tiene prisa adopta una postura más bien absurda, con la cabeza hacia abajo y las alas y el cuerpo levantados. Nunca vuela, y nunca ha sido visto con las alas extendidas, pero cuando realiza saltos cortos las alas se agitan ligeramente. Cuando se dispone a dar un salto, aunque solo sea de unas pocas pulgadas o de un pie, realiza cuidadosos preparativos examinando detenidamente y durante largo rato el lugar de aterrizaje previsto, aunque es posible que en la oscuridad vea mejor y entonces actúe con mayor agilidad. Si el salto se produce desde una superficie horizontal, se agacha lentamente con las piernas plegadas, adoptando una postura familiar en los gatos; pero si el salto se va a realizar desde un soporte vertical, se levanta sobre sus largas patas, recordando a un camello que pasta en las hojas de un árbol. Come con moderación de las hojas de roble y de arce que se le suministran en la jaula, aunque parece que prefiere la fruta fresca y las uvas, y se deleita con el pan empapado en agua. Bebe bastante menos que la mayoría de los ortópteros.

Estadio temprano (sin alas) de Pterophylla camellifolia posado sobre una hoja

Estadio temprano de Pterophylla camellifolia
by Cricket Raspet – CC BY 4.0

Cuando los saltamontes cantan por la noche en el bosque, parecen mostrarse muy recelosos ante cualquier perturbación, y a menudo la voz de una persona que se acerca, o un crujido bajo los pies, es suficiente para silenciar a un saltamontes que canta muy por encima de nuestras cabezas. El macho en la jaula nunca emite una sola nota hasta que ha estado a oscuras y en silencio durante un tiempo considerable. Pero, cuando parece estar seguro de que se encuentra a solas, empieza su música, un sonido con un volumen tremendo en una habitación, unos tonos increíblemente estridentes y ásperos a corta distancia, carentes completamente de esa melodía que adquieren con el espacio y la distancia. Uno solo puede acercarse al intérprete con una precaución extrema mientras está cantando, e incluso entonces, un simple destello de luz basta normalmente para silenciar aquellas notas estentóreas. No obstante, en ocasiones se puede echar un vistazo al músico mientras toca, cosa que hace generalmente de pie y con la cabeza hacia abajo, con el cuerpo apoyado más bien rígidamente sobre las piernas, las alas delanteras levemente levantadas y las puntas de las alas traseras sobresaliendo ligeramente entre ellas, el abdomen hundido y respirando profundamente, y los largos filamentos de las antenas ondeando en todas direcciones. Cada una de las sílabas parece compuesta de una serie separada de vibraciones provocadas por una rápida agitación de las alas, siendo la del medio más veloz y la última marcada con un acento conclusivo, produciendo así el sonido tan sugestivo de ka-ty-did’, ka-ty-did’, el cual se repite de forma regular aproximadamente sesenta veces por minuto en las noches cálidas. Por lo común, al principio —y a menudo durante cierto rato— solo se emiten dos notas, ka-ty, como si al intérprete le costara completar de inmediato el giro de ka-ty-did.

La estructura de las alas y los detalles de las partes estriduladoras se muestran en la Figura 3. Las alas (A, B), se pliegan verticalmente sobre los costados del cuerpo, pero sus partes basales interiores forman unas solapas anchas, rígidas y horizontales que se superponen, la izquierda encima de la derecha. Una vena transversal (fv) en la base del tímpano izquierdo (Tm), gruesa y hundida es lo que hace de lima. Se muestra desde abajo en C, donde la ancha y pesada lima (f) se ve con su hilera de surcos extremadamente ásperos. En el ala derecha, la misma vena (B) es mucho más pequeña y no tiene lima, pero el ángulo interno de la base del tímpano se prolonga en un amplio lóbulo que presenta un fuerte raspador (s) en su margen.

Alas y órgano estridulador del Catídido verdadero

Fig. 3.  Ala y órgano estridulador del Catídido verdadero

La calidad del canto del saltamontes parece variar ligeramente según la zona del país. En los alrededores de Washington, los insectos ciertamente dicen ka-ty-did con toda la claridad de que es capaz un insecto. Por supuesto, el sonido se puede representar de forma más literal como kă ki-kăk’, acentuada en la última sílaba. Cuando solo se pronuncian dos sílabas, son siempre las dos primeras. A veces un individuo de una banda emite cuatro sílabas, katy-she-did o kă ki-kă-kăk’, y de nuevo se oye a todo el grupo cantando en cuatro notas, con solo algún cantante ocasional que entona tres. Se dice que en ciertas partes del sur al saltamontes se le conoce como cackle-jack (“carcajada jack”), un nombre que, hay que admitirlo, es una traducción bastante fiel de los sonidos, pero que carece de sentimiento y no resulta muy apropiada para un artista con su reputación. En Nueva Inglaterra, los saltamontes que el autor escuchó en Connecticut y en la parte occidental de Massachusetts emitían con mucha más frecuencia solo dos sílabas en lugar de tres, y los sonidos eran extremadamente ásperos y chirriantes: un fuerte squă-wăk’, squă-wăk’, squă-wăk’, la segunda sílaba un poco más larga que la primera. Con los que dicen ka-ty, esto no sucede. En los casos en los que había tres sílabas, la serie era squă-wă-wăk. Si todos los catídidos de Nueva Inglaterra cantan de este modo, no es sorprendente que algunos autores de Nueva Inglaterra hayan sido incapaces de ver cómo los insectos llegaron a adquirir el nombre de katydid. Scudder afirma que “sus notas exhiben una chocante falta de melodía”; representa el sonido como xr, y observa que el canto tiene habitualmente sólo dos sílabas. “Esto es”, dice, “raspan sus alas delanteras dos veces en vez de tres; estas dos notas poseen una idéntica extraordinaria intensidad, siendo la última aproximadamente una cuarta parte más larga que la primera; y si son tres las notas emitidas, la primera y la segunda son semejantes y un poco más cortas que la última”.

Cuando escuchamos cantar a los insectos, siempre surge la pregunta de por qué cantan, y bien podríamos admitir que no sabemos cual es el motivo que los impulsa. El uso de los órganos de estridulación es probablemente un instinto de los machos, pero en muchos casos los tonos emitidos están claramente modificados por el estado físico o emocional del intérprete. La música parece estar relacionada de alguna manera con el apareamiento de los sexos, y la idea habitual es que los sonidos resultan atractivos para las hembras. En el caso de muchos grillos, sin embargo, lo que realmente atrae a la hembra del macho es un líquido que este segrega por el dorso, y al parecer el canto no es más que un simple anuncio de sus encantos. En cualquier caso, los éxtasis de amor y pasión que se atribuyen a los insectos machos en conexión con su música son probablemente más fantasiosos que reales. Este asunto es un campo encantado en el que el científico ha errado y se ha apartado del estrecho sendero de los hechos observados, dejándose llevar por una imaginación libre permisible para un poeta o un periodista que desea amenizar su crónica de algún suceso de la actualidad, pero que no aporta nada esencial a nuestro conocimiento de la verdad.

Los saltamontes de cabeza cónica

Este grupo de la familia de los tetigónidos contiene insectos esbeltos parecidos a los saltamontes, con una cabeza prominente en forma de cono y un rostro fuertemente hundido, pero cuyas largas y delgadas antenas los distinguen de los saltamontes comunes, o saltamontes de antenas cortas. Constituyen la subfamilia Copiphorinae.8

Saltamontes de cabeza cónica Neoconocephalus de color marrón claro posado sobre una tela negra

Neoconocephalus ensiger
by Dan Riley – CC BY 4.0

Una de las especies más comunes y con mayor distribución es Neoconocephalus ensiger, o Cabezacono portador de espada. Es la hembra, no obstante, la que lleva la espada; y tampoco es una espada, sino simplemente el instrumento para la puesta de los huevos, inmensamente alargado y conocido con más propiedad como ovipositor. Estos insectos tienen aspecto de saltamontes delgados y de cabeza puntiaguda, con una longitud cercana a los cuatro centímetros; son normalmente de color verde brillante, aunque a veces marrones.

El canto de N. ensiger suena como el ruido de una máquina de coser en miniatura; consiste simplemente en una serie larga con una única nota, tick, tick, tick, tick, etc., repetida indefinidamente. Scudder afirma que N. ensiger empieza con una nota como un brw, se detiene después un instante, e inmediatamente emite una rápida sucesión de sonidos como un chwi a una velocidad de aproximadamente cinco por segundo y continuada por un tiempo ilimitado. McNeil representa las notas como zip, zip, zip; Davis las describe como tsip, tsip, tsip. El canto de N. retusus es bastante diferente. Consiste en un prolongado y estridente zumbido que Rehn y Hebard describen como un continuo zeeeeeeeee. El sonido no es fuerte, pero es muy agudo, y su tono va aumentando a medida que el intérprete gana velocidad en los movimientos de sus alas, hasta el punto de que, para algunos oídos humanos, se vuelve casi inaudible, aunque para otros es un chillido claro y nítido.

Una especie de cabeza cónica de gran tamaño y dotada de un instrumento mucho más potente es el Cabezacono robusto, Neoconocephalus robustus. Es uno de los cantores más ruidosos entre los ortópteros de América del Norte; su canto es un zumbido intenso y continuo, que se asemeja en cierto modo al de una cigarra. Un espécimen enjaulado cantando en una habitación produce un ruido ensordecedor. El zumbido principal va acompañado de un murmullo más grave y monótono, cuyo origen no está claro, pero que probablemente se deba a alguna vibración secundaria de las alas. Mientras toca, el intérprete está siempre posado boca abajo, y los movimientos respiratorios del abdomen son muy profundos y rápidos. El Cabezacono robusto habita en lugares secos y arenosos a lo largo de la costa atlántica, desde Massachusetts a Virginia y, según Blatchley, también en lugares similares próximos a la orilla del lago Michigan, en Indiana. Este que les habla lo descubrió en Connecticut, en las marismas arenosas del valle del Quinnipiac, al norte de New Haven, donde su estridente canto puede oírse a gran distancia en las noches de verano.

Saltamontes de cabeza cónica Neoconocephalus retusus posado en un madero sobre fondo negro

Neoconocephalus retusus
by Chrissy McClarren and Andy Reago – CC0 1.0

Los saltamontes de la pradera

Estos son unos insectos pequeños, esbeltos y parecidos a los saltamontes, activos durante el día, que viven en prados húmedos donde la vegetación es siempre fresca y jugosa. Dentro de Tettigoniidae, conforman la subfamilia Conocephalinae9 y, al igual que el grupo anterior, poseen también unas cabezas con forma cónica, aunque en su mayor parte son de menor tamaño. Existen numerosas especies de saltamontes de la pradera, pero en la parte oriental de los Estados Unidos la mayoría pertenecen a dos géneros, conocidos como Orchelimum y Conocephalus. El miembro más abundante y con una distribución más amplia del primero es el Saltamontes común de la pradera, Orchelimum vulgare. Supera escasamente los dos centímetros y medio de largo, tiene una cabeza más bien grande para su tamaño y unos grandes ojos de color naranja brillante. El color de fondo de su cuerpo es verdoso, pero la parte superior de la cabeza y el escudo torácico están cubiertos de un parche alargado y triangular de color marrón oscuro, mientras que el área de las alas donde se produce la estridulación está marcada con un punto marrón en cada esquina. Este saltamontes canta sin ningún tipo de reparos cuando está en confinamiento, tanto durante el día como durante la noche. Su música es muy modesta y podría pasar fácilmente desapercibida en el exterior; consiste principalmente en un suave zumbido susurrante que dura dos o tres segundos. A menudo el zumbido es precedido o seguido de una serie de chasquidos producidos por un movimiento más lento de las alas. Frecuentemente, el intérprete abre las alas para empezar el canto con un único chasquido, después continua con el zumbido, y cierra finalmente con unos pocos movimientos lentos que producen una serie final de chasquidos. Pero muy habitualmente emite solamente el zumbido sin preludio ninguno ni staccato de cierre.

Saltamontes Orchelimum vulgare posado en una hoja cabezabajo

Orchelimum vulgare
by Rosario Douglas – CC BY 4.0

Otro miembro común del género es el Saltamontes ágil de la pradera, Orchelimum agile. Se dice que su música es un prolongado zip, zip, zip, zee-e-e-e, cuya sílaba zip se repite muchas veces. Estos dos elementos, el zip y el zee, son característicos de los cantos de todos los miembros del género Orchelium, acentuando algunos más el primero y otros el segundo, y a veces uno de los dos es omitido. Una especie muy bonita de este género es el Saltamontes apuesto de la pradera, Orchelimum laticauda (o pulchellum). Cuando están en reposo, tanto los machos como las hembras suelen posarse cerca de un tallo o una hoja, con la parte central del cuerpo en contacto con el soporte y las largas patas traseras estiradas hacia atrás. Davis afirma que el canto de esta especie es un zip, zip, zip, z, z, z, fácilmente distinguible del de O. vulgare.

Otros saltamontes de la pradera todavía más pequeños pertenecen al género Conocephalus. Una de las especies más abundante, el Saltamontes esbelto de la pradera, mide menos de dos centímetros y medio, tiene el cuerpo verde, con el dorso del tórax marrón oscuro, las alas rojizas y marrones y el dorso del abdomen marcado con una ancha franja marrón. Allard dice que el canto de este pequeño saltamontes de la pradera puede ser descrito como tip, tip, tip, tip, tseeeeeeeeeeee, pero que la tonada completa es tan tenue que casi pasa desapercibida al oído. Piers la describe como ple-e-e-e-e-e-e, tzit, tzit, tzit, tzit. Igual que el canto de Orchelium vulgare, puede por lo que parece empezar o acabar con unas notas en staccato.

Los “portadores de escudo”

Otro gran grupo de la familia de los saltamontes longicornios es la subfamilia Decticinae10, en su mayoría insectos parecidos a grillos que viven en el suelo, pero cuyas alas son tan cortas que son unos músicos muy pobres. Se los llama “portadores de escudo” porque la gran placa que tienen en el dorso del primer segmento torácico se prolonga más o menos como un escudo sobre la espalda. La mayoría de las especies viven en la zona occidental de los Estados Unidos, donde los individuos se vuelven a veces tan abundantes que llegan a formar bandadas enormes y muy destructivas. Una de tales especies es el grillo mormón, Anabrus simplex, y otra es el grillo de Grand Coulee, Peranabrus scabricollis, de la región central del estado de Washington. Las hembras de estas especies suelen carecer de alas, pero los machos tienen unos cortos cabos de alas delanteras que conservan los órganos estriduladores y que les permite cantar con un chirrido enérgico.

Otra subfamilia importante dentro de Tettigoniidae es Rhadophorinae11, que incluye a los insectos conocido como “grillos camello”. Sin embargo, todos ellos carecen de alas y, por tanto, son mudos.

Saltamontes hembra Anabrus simplex posada sobre la tierra

Anabrus simplex
by Jes Gray – CC BY 4.0

Los primos de los saltamontes 1: Los saltamontes longicornios

Notas


↑ * Suborden o Superfamilia— En los órdenes Blattodea, Hymenoptera y Lepidoptera, para agrupar las familias hemos preferido usar las superfamilias en lugar de los subórdenes.

↑ 1.  Hay que señalar que la taxonomía del orden Orthoptera es bastante más compleja a día de hoy. El grupo está dividido en dos subórdenes, Caelifera y Ensifera. No obstante, se puede decir, grosso modo, que los saltamontes clásicos pertenecen al primer grupo, y los saltamontes longicornios y grillos, al segundo.

↑ 2.  Ver la entrada El saltamontes.

↑ 3.  Tegmen, en latín, significa “cubierta”.

↑ 4.  A pesar de esta afirmación del autor —quizá fuera así en su época—, diferentes fuentes proporcionan los nombres de sprinkled grasshopper, “saltamontes salpicado” —o “rociado”—, sprinkled locust, y hasta sprinkled broad-winged grasshopper, “saltamontes de alas anchas salpicado”.

↑ 5.  Stethophyma gracile, en la nomenclatura actual.

↑ 6.  Trimerotropis verruculata, ibid.

↑ 7.  Circotettix carlinianus, ibid.

↑ 8.  La subfamilia Copiphorinae, a día de hoy, ha sido “degradada” al nivel de tribu, con el nombre de Copiphorini; no obstante, los saltamontes de de cabeza cónica siguen conformando su propia subfamilia, denominada, muy descriptivamente, Conocephalinae.

↑ 9.  Ver nota anterior. La subfamilia a que alude el autor es ahora la tribu Conocephalini.

↑ 10.  Una vez más, esta subfamila, Decticinae, ha sido rebajada a tribu, Decticini, la cual contiene un solo género, Decticus. Los saltamontes de escudo, a día de hoy, pertenecen todos a la tribu Platycleidini, incluida dentro de la subfamilia Tettigoniinae.

↑ 11.  El nombre aceptado para este grupo a día de hoy es Rhaphidophoridae; como se puede apreciar por este nombre, ha sido elevado al nivel de familia por lo que, estrictamente hablando, no son tetigónidos. Han sido asignados incluso a una diferente superfamilia, Rhaphidophoroidea.